Saludos.

Desde este espacio, me doy a mi mismo la bienvenida y a todo aquel que por error abra esta página y se digne remitir cualquier comentario. (Bueno creo que esta pagina no será visitada por mucha gente o por nadie pero igual me entretiene, wherever lo que sea es bienvenido).

La he creado con la intención de reflexionar, o bien encontrar gente con la suficiente capacidad de pensar, razonar y entender nuestra realidad más allá de su contexto personal y de las circunstancias culturales e ideológicas que nos embrutecen, y que puedan esclarecer el entendimiento de dicha realidad a través de argumentos lógicos, coherentes o al menos plausibles.

Los temas a tratar son, política, filosofía, arte, literatura, música, economía política, la geografía mundial, cuestiones sociales, religiosas, existenciales, sueños, frustraciones o lo que se me antoje o a ustedes se les tenga a bien antojar.

Desde un rincón de la ciudad de la Esperanza.

Y como es casi un hecho que nadie me leera y que puedo hacer el ridículo libremente, he aqui un pequeño cuento que escribí con toda la intención de emular a un grande de la literatura, a borges, con lo que creo tener derecho a declararme borgiano desde ahora, si tienen un cuento borhiano mandarlo por ahi.

EL LIBRO MORADO

El libro que tuve ayer en mis manos, de portada con letras moradas en bajo relieve laminado, que mis ojos tuvieron el privilegio de recorrer, por fin desplegó la gran virtud de la que hablaron los profetas y que yo creí una leyenda, un mito para justificar los actos de crueldad que se han suscitado por él, los himnos sagrados que se han escrito en su recuerdo, una neurosis colectiva que sobrevive al tiempo, en fin una manía endémica, un atavismo interminable.

Pero he llegado a la conclusión de que estaba equivocado, que sí es cierto lo que de él se enseña en los corredores de nuestras escuelas y lugares de trabajo, y ayer lo comprobé, cuando su lectura me introdujo en una dimensión diferente a la ordinaria.

Cuando al leerlo, después de varios minutos, quizá horas de infatigable seguimiento, me percate que la historia que leía era la historia de mi propia vida, debí estar hipnotizado, de las letras pase a las imágenes sin darme cabal cuenta de ello, los recuerdos olvidados emergieron de recónditas regiones de mi mente, una recolección cognitiva me llevó por imágenes de una infancia taciturna y solitaria, con fieles reproducciones del cielo que mire cuando niño, con un repaso de los estímulos provocados por el contacto del pasto con mis pies, el recuerdo de las voces de los invitados en la pileta, mi indiferencia por el trompo, el balero y todo lo que requiriese un poco de habilidad corporal; con reminiscencias de una mente tranquila atestiguando la finalización de una tarde, con todas sus divagaciones e imaginaciones de mundos nuevos; la paz interior y el amor expansivo producidos por la compañía de la que me dio el ser, con su eterno cariño, un retroceso “reversivo” de todas mis sensaciones de la infancia desde la apacible alegría hasta la tristeza sin causa aparente, recuerdos en retorno que se detienen hasta el seno materno, con visiones intrauterinas, pletóricas de una felicidad envolvente y luego del dolor de su separación.

De nueva cuenta volví a escuchar con expresión azorada los relatos de extraterrestres contados por Gaby, los de roba chicos contados por los adultos, los de violadores contados por mi hermana aunque no entendiera con exactitud lo que eso significaba, los relatos de muerte, los de mi época, los de niños, los de adolescentes delirantes, los de terror ante la llegada del comunismo, los del fin del mundo...

Después me brinque varios capítulos, pues mi adolescencia transcurrió sin brincos ni sobresaltos entre las calles calurosas de mi barrio parecidas a espejos ondulados como si se tratara de un pueblo fantasma, donde el calor evaporaba todo, hasta la cerveza se te escurría por los poros de la piel sin llegar a digerirse, todo lo absorbía mi pueblo, el sonido, la gente, las ganas de vivir, todo, menos la esperanza de encontrarme de frente con lo fantástico, esperanza que nunca se vio correspondida. También me brinque las páginas que describían mi inexperta juventud desperdiciada entre la escuela y el billar, en tardes perezosas en las que siempre te esperé pero nunca llegaste a mi vida.
Ansioso por descubrir mi final, mis ojos se concentraron en unas palabras donde se me describía con sencillez, elocuencia y exactitud, de cómo estaba ahí sentado en un viejo y destartalado sofá, de cómo vestía, cómo peinaba, cómo sujetaba el libro con ambas manos, y al concentrarme en la descripción de la casa, me di cuenta que estaba ahí, pero no recordaba esa casa, deduje que esa era la casa de mis últimos días, o quizá la de mi otra vida, en donde fui un raquítico, indefenso y solitario niño, sitiado por las enfermedades, con un aspecto demacrado, unos ojos negros que ponían intranquilo a cualquiera, una piel amarilla como la de un muerto, un cabello negro y lacio, un cuerpo delgado y frágil que demandaba atenciones especiales, segregación, ostracismo, atardeceres en una cama, en compañía de volúmenes de enciclopedias que describían civilizaciones exuberantes y extrañas que mi mente imaginaba en otros universos, ahí soñé y escribí delirantes relatos de mundos paralelos dirigidos por otra clase de razón donde la realidad estaba minada de terrores impredecibles y visiones insólitas, de noches que se convertían en la boca monstruosa de un abismo que sumergía a sus personajes en dimensiones extrañas, que los devoraba con ensañamiento, que los segregaba para siempre de su mundo.

Y así recordando mi vida anterior volví a morir, me levante de la cama y recorrí a tientas mi casa, pero en ella ya no moraban mis padres, ni las mascotas, ni había vecinos ni edificaciones, ni árboles, ni pájaros, ni ruidos, ni silencio, ya no existían esas dimensiones, solo una oscuridad envolvente que no dejaba ver absolutamente nada detrás de ella, es mas no había mas allá después de esa oscuridad, sólo nada, y mi alma vagando en los rincones de la casa que mi mente había creado en sueños, mis pies se desplazaron sobre el pasto del jardín, estaba fresco, su color verde era bastante intenso, una sensación de ligereza me invadía aunque no podía salir del patio o más bien me daba miedo ser devorado por la oscuridad como mis personajes, disolverme en la nada, dejar de identificarme conmigo mismo, dejar de percibir y de sentir y así volví a nacer nuevamente por un número infinito de veces, como un inconsciente viajero del tiempo, o un viajero sin memoria.

Ignoro si en cuanto abandone la lectura del libro morado lo haga con otra identidad, casi pierdo la memoria del que soy, me da temor la posibilidad de no poder salir de esta casa morada de puertas desvencijadas, me aterra atisbar que esta sea la realidad y lo otro tan solo un sueño, ¿aquí he vivido siempre? ¿y si lo único real es el libro? mis manos se ven diferentes, no quiero mirarme a mi mismo, entraría en una terrible angustia si descubriera que soy otro leyendo un libro que trata de un libro donde leo la historia de mi propia vida y que soy el producto de la imaginación de otro, siendo yo mismo aunque en realidad sea El.

Y si soy un demiurgo soñando con ser humano, y si la humanidad nunca existió mas que en mis pensamientos, así cavile por mucho tiempo hasta que fui abandonando gradualmente la lectura del libro morado, el que puedo atestiguar es infinito como la nostalgia por todo lo que ha sido...